Rubén Posse, talento natural (3)

Llegamos con esta entrega al final de la serie de entrevistas con Rubén Antonio Posse, que repasó en detalles sus años en el automovilismo. El concepcionense habló del karting, de sus años el rally, de sus experiencias nacionales e internacionales. En esta última entrega, cuenta algunas de las cientos de anécdotas que recogió durante la trayectoria.

“Yo veía el programa A Todo Motor y en su revista hicieron un sorteo para una carrera en el autódromo de Mendoza con autos Corsa. Yo lo mande un cupón. Me acuerdo que estaba corriendo en La Rioja y me hablaron diciendo que había sido uno de los ganadores, que tenía que estar el lunes en Buenos Aires. Yo les dije que no podía y que iría directamente a Mendoza. La carrera era en parejas y cada uno de los ganadores del sorteo tenía que correr con un piloto de nivel nacional. A mí me tocó hacerlo con Emilio Satriano, campeón del TC. Mi carrera era de regularidad y la de Satriano era de velocidad libre, pero el resultado era la suma era de los dos. Yo gané la mía y él creo que salió quinto en la suya y por suma fuimos los ganadores. Lo bueno de esta carrera era que a los vencedores les regalaban el auto, así que me gané un Corsa. Otra buena experiencia que también me dejó amigos”.

“Cada carrera te deja alguna anécdota así que, imagínense, hay un montón. Antes hacíamos la ruta con auto preparado, era más peligroso todavía y había muchos accidentes. Yo tuve algunos, pero me acuerdo de uno. Antes de empezar, Jorge Bescham y Jorge Recalde me dicen el camino está libre, pero nosotros abrimos. Después me largué yo y chocamos con un Fiat 125 de un lugareño que vivía ahí. Por suerte a él no le pasó casi nada, pero después le devolví un Fiat 125 espectacular. Otra vez, haciendo la hoja en Las Lenguas, estábamos peleando el campeonato del año 93 con José Luis Cadiñanos. De un determinado lugar para arriba habían echado ripio y pasado la máquina. Nosotros no lo sabíamos, llegamos a uno de los retomes ciegos, veníamos bien con el piso firme y cuando entramos por el piso blando y con piedras bolita, el auto se deslizó y nos fuimos abajo”. 

“También hubo carreras espectaculares como cuando peleamos el Nacional aquí en Tucumán con Sergio Germani. El primer día se corría en pavimento en San Javier. Llegamos al final de la etapa empatados, hasta en las décimas. Al otro día le gano la subida en Concepción por un segundo y, de bajada, en la última prueba, le pude hacer alguna diferencia”.

“La verdad es que hay varios tramos que me gustaban, por supuesto me encantaba bajar desde Las Banderitas. El tramo de la Papelera es espectacular y te divertís mucho haciéndolo. Otro tramo que me gustaba era Palo Labrado- El Portezuelo, en Catamarca. Ahí le gané a los locales muchas veces, algo que para ellos era difícil de digerir. Hay muchos más que son espectaculares a lo largo del país”.

“El temor más grande que pasé en las carreras fue al principio, cuando no conocía los límites. Tenía miedo de hacer macanas o pegarme. Después, cuando ya empecé a conocer, eso se pasó, ya tenía el dominio de la situación y era distinto. Quizás era más ansiedad. A veces la noche anterior a algún rally me pasaba pensando en los tramos. Por supuesto que los imponderables están en cualquier lado, pero más allá de eso yo corría tranquilo porque tenía mucho control de lo que estaba haciendo”.

“Mi fuerte era la forma de frenar. Cualquiera acelera en las rectas, pero no todos frenamos igual. Si podés ganar cinco o diez metros en una curva, imagínense cuánto se puede ganar hasta Las Banderitas, en un camino que tiene 345 curvas o las 1.000 que hay hasta Las Estancias. Este es un dato real, las tenemos contadas. Imagínense ida y vuelta, la cantidad de frenajes que hay. Ahí se hace diferencia frenando. Cuando me preguntaban o preguntan ahora, les digo: sea la curva que sea, únicamente se saca el pie del acelerador para automáticamente frenar. Cuando el pie está en el acelerador está acelerando a fondo, sino tiene que estar frenando. Nada de eso de levantar y esperar. No sé si era lo correcto, pero a mí, me dio muchos frutos”.

“Para mí, lo más importante de todo, más allá de las carreras y los resultados, son los amigos, con quienes hoy podemos recordar mil anécdotas. Y mejor todavía, el afecto de la gente que yo no conocía y que en cualquier lugar donde íbamos se acercaba y nos saludaba y nos decía que me iban a ver correr. Eso para mí era más importante que cualquier trofeo de los que pude haber ganado”.

Llegamos así al final de estas entrevistas con este grande de nuestro automovilismo.

Si quieren leer la primera entrega, pueden hacer click en este ENLACE.

Para ver la segunda parte, hagar click en este ENLACE.

El concepcionense dejó una huella importante en el automovilismo y siempre, cuando hay alguna charla de rally, se lo recuerda con un “¡cómo iba Rubén Posse! ¿te acordás?”. Y algunos dicen: “¡qué lindo sería que vuelva a correr! Quizás esta historia tenga algún capítulo más. ¿O no Rubén?

 

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