
En abril de este año, Motorplus Tucumán inició una saga de tres entregas con un reportaje que le efectuamos a Rubén Posse, a quien definimos como un talento natural. El querido piloto concepcionense, que falleció este domingo por coronavirus, tiene en su haber 13 campeonatos, cuatro de ellos en karting, y nueve de rally.
Posse transitó muchos años en automovilismo y mucho ganó en él: carreras, campeonatos, pero sobre todo la admiración de mucha gente que lo seguía en cada competencia, conocidos y desconocidos para él. Hace algunos años, todos querían verlo arriba del auto y en algún lugar del camino. Y, lo más importante quizás, es muy respetado entre sus rivales. El concepcionense dejó su huella a lo largo de todo el país.
Aquí empezamos a reproducir aquel diálogo con el “prócer”
PARTE 1
“Cuando tenía 14 o 15 años, salieron las motos 50cc y varios de mis amigos tenían una. Entonces le dije a mi papá que quería una, pero me dijo que no. Como buen adolescente rebelde, le insistía. Un día me dijo ‘moto no te voy a comprar’, entonces ya medio de caliente le dije, ‘entonces quiero un karting para correr’. Mi hermano ya corría, pensé que se iba a calentar, pero me dijo ‘bueno, prefiero eso a una moto’. Así que ahí conseguí mi primer kart, un Vara con motor 180ccc. Y así empecé. Cuando lo hice tenía 17 años y era algo inusual. Se corría en circuitos callejeros, la mayoría de los pilotos eran de más edad, era raro para ellos ver un piloto de mi edad. Me acuerdo que había dos categorías. La más importante, en la que estaban los experimentados, y la categoría Novicios, en la que corrían los que no tenían experiencia. Ahí comencé. Lo bueno era que a los que ganaban en Novicios los dejaban correr en la principal, y como yo empecé a ganar, podía correr, aunque largaba último”.
“Cuando comencé a ganar se puso más difícil. En esa época no se pesaban los karts, pero como yo era flaquito decían que les ganaba por el peso. Tuve que lastrar el kart, pero lo mismo andaba adelante. Imaginate, en algo así se aprende o se aprende. Corrí contra los García Hamilton, ‘Lito’ Mohamed, Cusumano, Daniel Ale, Collado. Todos eran picantes. Aprendí mucho de ellos, era muy competitivo el karting y nadie regalaba nada. Fue muy linda esa etapa, aprendí a conocer mis virtudes y limitaciones. Por supuesto, doblando varios ejes contra los cordones”.
“La primera carrera largué y en un momento quedé primero, me volví loquito y le empecé a pegar a todo. Después fui aprendiendo y gané el campeonato en mi primer año. Como estaba adelante en Novicios, me hicieron correr la última con los más experimentados y encima fue en Concepción. Había como 40 karts, yo largue último, y cuando llego a la primera curva, me doy con un tendal de karts desparramados. Cerré los ojos y me agarré fuerte, no sé cómo fue, pero pasé y me encuentro segundo detrás de Guillermo García Hamilton y adelante de Ricardo Collado, imaginate. Lo pasé a Guillermo, llegué sin frenos al final, pasé de largo, era un desparramo de gente. A esa carrera la corrí con un motor de Daniel Ale, que era un amigo. Pero imaginate, era novicio y gané en la mayor. Después de eso no querían que corra en mi categoría”.
“Corrí varios años y siempre con pilotos buenos. Hubo épocas en que corrí contra Roberto Sánchez, Guchea, el “Cóndor” Sánchez. Eran carreras con muchos karts y todos los pilotos eran buenos. Me acuerdo que un año gané todas las series y todas las finales. Si no andabas, te pasaban por arriba, así que tenías que pelear. Aprendí mucho en el karting”.
“En el año 89, mi hermano ‘Rulín’ tiene el accidente y deja de correr. Arreglamos el auto y debuto en el rally a fines del 89 en Concepción. Se hacia el sábado el súper especial en el parque La Joven Argentina, y el domingo ida y vuelta hasta Las Estancias. Debuté ganando mi categoría, pero realmente por suerte se quedaron o tuvieron problemas todos los buenos. Yo no estaba a la altura, pero se me dio. En el 90 ya me meto de lleno en el rally. Al principio me costó porque corrí contra mí mismo, cada curva era un desafío y no medía las consecuencias. Una vez en El Cadillal volqué porque iba en la tierra de un auto que alcancé y me pasé en una curva. Dimos varias vueltas y quedamos agarrados en un árbol. Después fui aprendiendo y la experiencia me llevó a manejar cada carrera de acuerdo a cómo venía. Conocía muy bien el auto y cuando tenía algún problema yo ya sabía que tenía que levantar. Además de ese no tuve muchos golpes más. Cometer un error en un rally es feo, primero por lo físico y después por el costo”.
“Es fundamental en esto el navegante. Cuando tenía uno nuevo me tomaba mi tiempo para conocerlo y agarrar confianza. Lo único que yo le pedía es que sea sincero: si estaba perdido que me avise y yo vería qué hacer. Comencé con Zárate, que era un mecánico del taller, con él corrí hasta el Mundial del 92. Después estuve con José Luis Cadiñanos, con Carlos Mora, con José María Drago y al final con Salomé Rodríguez y Fernando Tosi”.
“En cuanto a los autos, con el Regatta fue mucho tiempo. El primero se lo compramos al ‘Gringo’ Bescham, con quien tengo una buena relación. Tuve varios autos y motores suyos, cosas que fábrica les daba a ellos, siempre muy bien armados. En el 95 cambiamos a otro y después, cuando Juan (sobrino, hijo de ‘Rulín’) se pegó en Alberdi cambiamos al que está corriendo actualmente y todavía tenemos un casco de Regatta 2000 sin usar”.
“Yo era muy metódico para correr, cuando corría en el Nacional me iba mucho tiempo antes y hacía la ruta, pero además trabajaba mucho en el auto. Yo sabía cuánto se hacía en los 1.000 metros cada tipo de cubiertas, AR30, AR28, MRD, con todas. Me pasaba días enteros probando distintos tipos de escapes, levas, tapas, sabía perfectamente qué usar en cada tramo. Eso para mí siempre fue una ventaja, pero me llevaba mucho tiempo y tenía su costo. Pero eso me dio siempre buenos resultados”.
La historia de Rubén no termina aquí. En breve, nuevas entregas, para recordar como se debe a uno de los grandes de nuestro automovilismo, y mejor persona.