
“Cuando subí a recibir el premio en Lules, no podía creer lo que me estaba pasando. Me di cuenta que, junto con Alberto Álvarez (campeón de navegantes clase N-2), que más que navegante es un amigo, formábamos parte de ese automovilismo que hasta hace muy poco lo veíamos desde abajo. Era cuando íbamos desde chicos al camino a ver pasar los autos. Fue increíble haber sido nosotros los que pasábamos y que la gente nos salude. No lo podíamos creer.”
Esa fueron las primeras palabras de Eduardo de la Riestra en diálogo con Motorplus Tucumán. Se lo veía visiblemente emocionado, al lado de su mujer Carla y de su hijo Valentino.
– ¿Tus comienzos fueron en el karting?
– Sí, corrí algunos años en karting, que era una categoría acorde con mi presupuesto, así que me di el gusto. Pero después dejé.
– ¿Cómo surge el rally?
– Desde que dejé de correr en kart comencé a ahorrar para comprarme una moto. Tenía muchas ganas de hacer viajes. Pero un día me llegó el dato de que el equipo Tarchini de Santiago del Estero había publicado que tenía un VW Gol para vender. Entones me surgieron muchas dudas sobre qué hacer. Me decidí por el auto, lo compré y me quedé sin un peso, así que quedó parado, no sabía si algún día lo iba a correr. Pero era feliz de sólo tenerlo, por lo menos para dar una vueltita.
– ¿Y cómo lográs competir?
– Por mis amigos, que al saber que tenía el auto, se arrimaron y ellos solos comenzaron a ayudarme para conseguir el presupuesto para que pueda correr. Ahí nos propusimos con Alberto (navegante) trabajar para estar en una carrera. Comenzamos a cambiar algunas cosas en el auto y a pulir algunos detalles.
– ¿Cuándo debutan?
– Fue en el gran premio del año pasado. Llegamos a la inscripción y comenzamos a preguntar todo, no sabíamos nada.
– ¿Cuál era su objetivo en ese momento?
– El único objetivo que teníamos era no romper nada del auto, porque sino teníamos que dejar de correr. No tenemos para pagar un equipo, nosotros nos encargamos del auto, es como si fuese una extensión de nosotros, lo cuidamos como a nuestra salud. Nos dan una gran mano Eduardo y Luis Lezcano con los detalles y Rodrigo y Gonzalo González en la asistencia. No se paró nunca, llegamos en las seis fechas. En algún momento llegamos a ser seis o siete en la categoría, después los demás dejaron de correr, pero más allá de eso, nuestra satisfacción es muy grande.
– ¿Cómo fue el rally de Lules?
– La verdad es que estuvimos solos todo el fin de semana. Mi hermano Fernando, que es el que nos sigue siempre, no pudo estar porque se accidentó mi sobrino. Además, mi hijo estaba corriendo en karting y Rodrigo González, que nos da una mano en la asistencia, se fue por el accidente de Cristian Almonte. Pero bueno, con lo que pasó ahora tenemos la idea es hacer una pequeña reunión, con amigos y familia.
– ¿Cuáles son los planes?
– La idea es que, si salía campeón anticipado, en las carreras que queden al auto lo maneja Alberto, así que voy a ver si lo puedo convencer. Para el año próximo todavía no hay nada definido, hay que ver qué pasa con la categoría. Si se desarma, trataríamos de ir a la RC5, ya sea con el Gol o ver si lo podemos negociar por un Ford Ka. Pero siempre va a depender del presupuesto que podamos juntar para seguir.
No fueron muy efusivos a la hora de festejar abajo el auto, pero sí festejaron con el coche delante de su gente con una pirueta al terminar la prueba Súper Especial. Esto seguramente les costará un tirón de orejas por parte de los organizadores. Eduardo recuerda el momento y lo relato así: “cuando terminamos la carrera y al pasar por delante de mis amigos, instintivamente me salió tirar el freno de mano y festejar. Fue un momento soñado que se hacía realidad, era todo felicidad.”




