
De las relaciones entre padres e hijos se pueden escribir miles de historias. En lo que respecta a Tucumán, las que hablan de dinastías se remontan a muchísimos años. Aquí nos detenemos en una, dado que el protagonista, Christian Fagioli (actual participante de las categorías de pista de Salta), decidió compartir en su cuenta de Facebook una semblanza de su papá, Alejandro, que contiene mucha emoción.
Aquí, la mostraron textualmente:
“A ver. Por dónde empiezo. El señor de la foto. Mi papá Alejandro Fagioli, todos lo conocen. Ya arrastra unos cincuenta y largos (años). Me imagino yo que ya tiene ganas de descansar. Sin embargo hace un par de meses no tuve mejor idea que intentar cumplir mi sueño. Ya se darán cuenta desde cuándo es un sueño y quién es el culpable de todo.
Le dije que quería correr una carrera. Una iba a ser. Y el que lo conoce sabe que es medio corto de genio. No lo noté muy convencido, pero yo sabía que por dentro le gustaba la idea. Jajaja. Ahí estuvo obviamente. Al lado mío. Desde el día uno, trabajando, cargando cosas, haciendo fuerza, todo el fin de semana al lado del auto. Al lado del único hijo que no distingue una llave torx de una alen, del que nunca en la vida le gustó la mecánica, no me pregunten por qué pero llevo el apellido de onda nomás. Y él me habla de compresión, y de luz de válvulas, y de motor ‘apretadito’, y yo a todo lo digo que sí con cara de circunstancia aunque para mí me habla en japonés.
Volviendo. Esa primera carrera que iba a ser la única terminó en que hoy tenemos nuestro autito. Cuando le tiré la idea me dijo ‘hijo, mucho no te voy a poder ayudar’. Y yo le dije ‘está bien pá, sí te entiendo’. Y lo mismo me mandé de cabeza, porque siento que si no era ahora no iba a ser nunca y porque tengo ese defecto de vivir así a los impulsos limpios.
Bueno. Y ahí está él una vez más. Agarró el reglamento, lo leyó de punta a punta, y ayer me dijo, mañana lo desarmamos completo. Ya verán que hablaba en serio, es difícil de explicar con palabras la sensación. Y yo calculo que él debe sentir más o menos lo mismo. También pienso que le corre la competencia por las venas, y querer que seamos los mejores, o que al menos lo intentemos.
Y ahí estamos. Yo me puse a pintar las llantas del auto porque para mucho más no soy útil, y él cerró el taller y se quedó a trabajar para el hijito que se le ocurrió correr en autos. No lo iba a decir, pero tengo una imagen en la cabeza que me encantaría y es verlo volver a subirse a un auto de carreras, y no tengan dudas que lo va a hacer mejor que yo.
¿Enseñanza de todo esto? Para hacerlo hay que hacerlo como corresponde. La pasión no se negocia, y el amor de padre no tiene límites. Qué decir. Gracias pá. Gracias por todo. Te amo”.



