
La búsqueda de Motorplus Tucumán de escribir las historias de integrantes de la familia de los deportes mecánico nos lleva esta vez a alguien con mucha historia en el motociclismo tucumano: Juan Manuel Bustos. Ya en contacto con él, muy amablemente se prendió en una charla que se extendió en el tiempo, lo suficiente para saber parte de su vida, pero no lo suficiente para conocer todo sobre su vida con las motos. Es que tendríamos que charlar varias horas para ello y se haría interminable.
Por dónde comenzar la charla, por el Juan preparador o el Juan deportista, fue nuestra duda. Al fin, pasamos de uno a otro. Bustos nos fue pintando su vida, una historia que no tiene desperdicio, en un relato apasionante. Casado con Mónica y con tres hijas (Romina, Gisel y Florencia), nuestro protagonista nos dejó sus historias, las cuales reproducimos de manera textual.
“La moto estuvo en mi vida desde que tengo uso de razón. Mi padre, Manuel Santos Bustos, trabajaba en la policía motorizada, andaba en motos, así que ese seguro es el origen de la pasión por ellas. Primero lo hicieron mis hermanos, y después yo. Mi papá también era un apasionado: una vez tuvo un accidente el cual lo dejó postrado por dos años. Lo primero que hizo cuando se levantó fue subir a una moto. Es más, yo soy Juan Manuel por Fangio, o sea que algo de fierros había en la familia.
Después mis hermanos comenzaron a participar en el motocross tucumano allá por los años 70. El que corría era Ramón Félix, ‘Nene’ y el que siempre apoyaba y acompañaba era Héctor Rubén, ‘Coco’, el mayor. Él era el sponsor, no corría, pero era ponía la plata. Era quizás más apasionado que nosotros, los que corríamos. Yo recuerdo que me llevaban a las carreras cuando tenía 10 años, a la Rural, donde se hacían las carreras. La preparación era casera, se daban maña con las herramientas que tenían. Eran realmente locos, corrían con cualquier moto, con cualquier cubierta. Imagínate, era difícil en esa época pasar el canal de la rural.
Yo antes de correr en motos corría en bicicleta. Mi papá también había corrido y me inculcó hacer deporte. Corrí desde 1982 hasta el 89. Fui campeón tucumano, corrí por varios lugares del país, llegué a competir en la categoría más importante. Gracias a eso me acostumbré a llevar una vida sana y hoy lo veo reflejado en lo que hago.
Dejé de estudiar, entonces me mandaron a trabajar. Comencé en un taller de motos como ayudante, primero fue en el de Antonio Véliz y después pasé al del “Negro” Serna, que en ese momento era muy famoso y preparaba la mayoría de los karts que corrían en Tucumán. Sabía un montón.
Después me independicé con la ayuda de mi ‘viejo’. Me permitieron trabajar en lo que era el garaje de la casa y con las herramientas que teníamos. Hoy es el lugar de mi taller: nací y me crié en este lugar.
¿Cuándo comencé a correr? Fue en 1990 en Santa María, Catamarca, en el circuito de los 7 colores. Fue en motocross, con una RM 125. No fue bueno el debut, porque me caí, me quebré el escafoides de la mano derecha. Tuve que parar dos años. Ese fue, si se le puede llamar, mi debut.
En ese parate empecé preparando motos de competición en 1993. La primera moto que preparé fue la de Gustavo Cisneros. Era una Suzuki RM. Con ´wl nos une una gran amistad, es un tremendo piloto y mejor persona. Eso me comenzó a generar clientes, en ese momento todos de motocross, porque el enduro se hizo fuerte unos años más tarde.
Con el enduro fue distinto. Después de varios años de atender motos, en el año 2000 me decido volver a correr, porque los pilotos que yo atendía me decían ‘la moto hace esto o esto otro’ y yo no podía a veces entender bien. Entonces me dije ‘voy a correr y saber de qué me hablaban’. Ahí empecé a interpretar un montón de cosas que los pilotos me decían.
Ese año corrí mi primer Transmontaña con mi amigo, Juan Sperone. Ese, puedo decir, fue mi inicio como piloto en el enduro. Eso fue un antes y un después, porque ahí comencé a interpretar lo que me pedían los pilotos. Hay veces que los pilotos no saben bien cómo explicar lo que ellos sienten, y a veces dicen cosas que no son. Hoy las motos hacen todo solas, en aquella época era distinto. Cuando corríamos llegábamos a los 2.500 metros de altura y había que saber qué hacer, entre otras cosas, con la carburación. Se preparaban los motores.
En las carreras, además de correr, también tenía varios clientes que había que atender, así que nos dábamos maña con los chicos del taller y con mi hermano ‘Coco’. Armamos una camioneta Traffic, en la que llevábamos todo: herramientas, repuestos y carpa, cosa que hago hasta el presente. Hoy prestamos atención en las competencias. Gustavo, mi sobrino, maneja las redes sociales del taller y por ahí nos conectan todos”.