
Se sabe que el automovilismo es un deporte de alto riesgo. Y que cada vez que se larga una competencia, todos los participantes están expuestos a accidentes. Es por eso que en cada organización de competencia se trabaja para que cuando éstos ocurran, estén todas las medidas de seguridad tomadas.
En un circuito, cuando ocurre algún accidente, en cuestión de segundos el piloto es asistido. Distinto al rally, en el que hay un sistema para que la asistencia llegue hasta el piloto y navegante accidentados. Si esto no funciona, las consecuencias pueden ser dramáticas.
El Rally de Tafí del Valle fue un claro ejemplo de una competencia complicada, por la cantidad de accidentes que hubo. Esto hizo que varias veces se detenga la carrera y se accione el sistema de rescate. Primero fue Gastón Ahualli, con un fuerte golpe; luego fueron David Nalbandian y Maranzana, ambos del Nacional. Y después vinieron los de Mauricio Valenzuela, Guillermo Véliz y Rogelio Luna.
Mauro Albornoz, navegante de Ahualli, fue atendido en el hospital por un dolor en el pecho, y luego dado de alta. En tanto Maranzana y su navegante fueron tenidos en observación hasta constatar que estaban fuera de peligro. Los demás fueron revisados por los médicos de las ambulancias y rescatistas.
En esta nota nos vamos a referir a lo ocurrido al piloto Mauricio Valenzuela, y su padre navegante, Luis Valenzuela, navegante. Ellos, de acuerdo a los dichos de los que presenciaron el accidente y por las imágenes del video de la cámara onboard (se lo puede ver en este ENLACE), sufrieron un terrible accidente.
La carrera fue detenida y se activó el sistema de seguridad; la ambulancia y la camioneta de rescate llegaron dentro del tiempo lógico para este caso. Ambos tripulantes fueron revisados y trasladados hasta el hospital de Tafí del Valle, para una mejor revisación. Mauricio presentaba algún dolor en el cuello, en la mano, algunos mareos y una molestia en los ojos. Luis tenía un dolor en el hombro. Se realizaron las radiografías, en las que sólo se detectó, por parte del traumatólogo, una quebradura en la mano izquierda de Mauricio. Ambos quedaron en observación. Luis fue dado de alta el domingo en horas de la mañana. Mauricio, como seguía con los mareos, fue derivado al hospital Padilla, donde se le realizaron tomografías, para descartar cualquier problema. Luego fue atendido por un oftalmólogo, que recomendó estudios. Finalmente le dieron el alta, el domingo al mediodía.
A varios días del accidente, charlamos con Mauricio.
– ¿Cómo estas?
– Bien, el domingo me realizaron todos los estudios y descartaron algún problema neurológico. Desde el lunes a hoy me hicieron todos los estudios en la vista, donde por la presión sufrida en el golpe tuve una hemorragia interna; se reventaron unos vasos dentro de los ojos, propio de la presión sufrida en el accidente. También me está atendiendo un traumatólogo para continuar con la cura de la mano. Mi papá estará yendo al traumatólogo, porque sigue con una molestia en el hombro, pero por suerte estamos bien.
– ¿Te acordás del accidente?
– Sí, fue en un lugar muy veloz. El auto tocó la parte del borde del camino y ahí empezamos a dar tumbos. Realmente no sé cuántas vueltas dimos. Sí me asusté porque vi gente muy cerca del camino, por suerte no pasó nada. Eso es algo para revisar. El mismo público se acercó a ayudar, en ningún momento perdimos el conocimiento y bajamos caminando del auto. Luego llegó la asistencia y nos trasladaron.
– Pudiste ver el video y cómo quedó el auto. ¿Qué te viene a la cabeza?
– No lo quise ver al auto, sólo lo vi por fotos y vi el video. Fue un golpe durísimo, no sólo por eso, sino también por lo que cuenta la gente. Fue un vuelco espectacular y a la vez dramático. Hoy estoy orgulloso de que siempre armamos un auto con todas las medidas de seguridad, nunca escatimamos gastos en eso. Fue eso lo que nos salvó; nos salvamos porque teníamos el Hans puesto, sino creo que no la contábamos. Yo no entiendo cómo hay pilotos que todavía no lo usan y que la organización se los permita. Son fundamentales para este caso de accidentes. Además, por supuesto de una buena jaula, butacas, cinturones y cascos.
– ¿Ahora cómo sigue la recuperación?
– Después del accidente, la gente de la Asociación Argentina de Volantes se puso en contacto conmigo y puso todo a disposición para mi recuperación y la de mi papá. Tengo que hacerme algunos estudios en la vista y terminar de recuperar la mano. Eso también habla de lo importante que es tener un seguro que cubra este tipo de accidentes.
– ¿Cómo sigue tu vida en el automovilismo?
– Por ahora, tratando de poner la mente en blanco para ver cómo continúo. Por suerte hay mucha gente que se acercó y me quieren dar una mano, hasta me ofrecieron un casco para comenzar a armar un auto nuevo. Realmente quiero agradecer a muchos que estuvieron a mi lado, y especialmente a mi mamá, que es la que sufre desde afuera. Después de esto, mi papá se baja, pero yo voy a ver cómo reestructuro todo para seguir. Soy consciente de que esto es automovilismo, estos riesgos están desde que largamos la carrera. Por eso les digo a todos los que están en esto que este golpe se tome como un ejemplo y traten de cumplir con todas las medidas de seguridad. Eso puede salvar la vida.
Fueron muchos accidentes, la seguridad estuvo a la altura de las circunstancias, pero esto cuesta y mucho a la hora armar el presupuesto de una carrera. Recorrer los caminos, disponer de la cantidad necesaria de policías para cubrir la competencia en todo su recorrido, ambulancias equipadas y con médicos, camionetas de rescate, comunicación… Quizás sea por eso el costo tan elevado a la hora de organizar una competencia. Por eso hay que ser consiente que bajar el costo de una organización no puede pasar por el lado de la seguridad. Ese punto no se negocia. Primero está la seguridad, lo demás podría cambiarse.



