Cada uno tiene su historia

(#) Por Vicente Machín.- Hace casi 40 años, llegó el Mundial de Rally a Tucumán. Y a todos los que nos gusta el automovilismo nos parecía que tocábamos el cielo con las manos. Desde que nos enteramos de la noticia, era el único tema de charla en las reuniones. Por supuesto que todos ya sabíamos del tema, y cada uno tenía su corredor favorito y esperaba ansioso el momento para verlo. Era real, los mejores pilotos, autos y equipos del mundo iban a llegar a nuestra provincia y, por si algo faltaba, la noticia de que el “Lole” Reutemann sería de la partida, se convirtió en la frutilla del postre.

Llego el día y la ansiedad era grande. Creció más cuando llegamos a lo que era en ese momento entonces era el parque de asistencia. Y ya era emocionante ver todo eso a lo que no estábamos acostumbrados. 

Luego llegó la carrera, el primer tramo del rally era entre San Pablo y El Corte y se largaba a las 12. Pero no se podía esperar más: el día anterior comenzaron los operativos para conseguir las cosas para ir y pasar muchas horas en el cerro. Partimos en grupo de amigos 12 horas antes, o sea, en la madrugada del día que comenzaba la prueba. Compramos todas las provisiones y no nos olvidamos de la carpa, para poder esperar cómodos y descansados la carrera.

La idea era llegar a algún lugar donde acampar seguro. Lo anecdótico fue que el auto en el que íbamos (un Gordini) se fundió apenas pasada la rotonda de la avenida Aconquija. Pero no fue impedimento para seguir. Dejamos el auto y comenzamos a caminar. No éramos los únicos, puesto que había muchos más como nosotros. Llegamos al lugar elegido y nos fuimos a descansar. La sorpresa fue cuando comenzó a amanecer era mucha la gente que llegaba algunos pasaban caminando, otros se quedaban en el lugar, y comenzó la cuenta regresiva. En el lugar había mucha gente de Tucumán, pero también nos encontramos con muchos que venían de otras provincias y hasta de otros países, varios con cámaras de foto para registrar cada momento. 

Faltaba más de una hora y ya estábamos todos parados al costado del camino mirando el reloj a cada minuto. Llegó la hora y, a las 12 en punto, cuando se puso en marcha la carrera en San Pablo, las pulsaciones nos subían como si fuésemos nosotros los que corríamos. El segundo sacudón fue cuando se escuchó el estruendo del auto acercándose y en cada bramido los corazones se aceleraban. Estábamos todos casi pisando el pavimento cuando apareció el primer coche. Ahí la emoción pasó a susto, fue increíble ver la velocidad que traía y todos corrimos hacia atrás. Algunos hasta se cayeron un par de metros en el cerro. Creo que nadie lo vio pasar. Después ya nos fuimos acostumbrando y, a pesar del peligro, comenzamos a disfrutar, diría a centímetros del paso de los autos. Fueron muchos, pero a todos los que estábamos ahí nos parecieron muy pocos. Cuando pasó el último es como si se hubiese terminado la fiesta. Al volver, la caminata fue amena porque todos hablábamos a la vez, relatando lo que habíamos visto. Y discutíamos sobre cuál había sido el mejor. 

La alegría fue grande. Tucumán tenía el Mundial y nosotros fuimos los primeros privilegiados por haber vivido ese momento.

(#) Redacción de Motorplus Tucumán

 

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