“Cacho” Chico, entre los grandes

Para quienes conocen de la historia del automovilismo de Tucumán, el nombre de “Cacho Chico” representa prácticamente una institución. Forjado entre grandes, corrió pruebas memorables, codeándose con los mejores pilotos. Aquí, Motorplus Tucumán les acerca algunas de sus anécdotas.

SUS INICIOS

“Empiezo a correr en 1961 en motos, con una Gilera 300, en circuitos de varias provincias. Gané varias carreras, con rivales como Camilo Ferroni, Mario Bonsignore y Carlos Acotto.

En los autos debuté con un Chevrolet 400, en un circuito que salía de Monteros y pasaba por Río Colorado, Bella Vista y Lules.

Después empecé a correr en el campeonato de trepadas que se hacía en San Javier. El “Colorado” Medici era el mejor. En mi debut, gané y, al final del año, me quedé con el campeonato. Después le compré el Peugeot 404 a inyección a Guettas, que había pertenecido a Cabalén Pero nunca di en la tecla, con ese auto no terminé una carrera.”

DUELO CON “PIRINCHO” PARRA

“Un día se corrían dos series en el autódromo. En la primera, llegamos a la última curva antes de salir a la recta, “Pirincho” por arriba y yo por abajo. Cuando ya estaba casi a la par se empezó a cerrar, yo no aflojé y nos tocamos; yo seguí acelerando y su auto se cruzó delante del mío, por lo que yo solté unos metros antes. Él ganó. Cuando termino la serie, los comisarios deportivos de ese día,  el “Tuerto” Pelufo y “Polo” Gonella nos llamaron y nos dijeron que lo que habíamos hecho no era lo correcto, pero que no nos corrían porque el espectáculo fue bueno y del agrado de la gente. Igual nos advirtieron que si lo volvíamos a hacer, nos excluían.

Largamos la segunda y yo estaba adelante, pero tenía un problema con la tercera marcha, que saltaba. Entonces entramos en la curva del Palacio de los Deportes, yo tenía la palanca con una mano, y doblaba con la otra. Él estuvo toda la serie atrás, pero, cuando entramos en la última vuelta, al llegar al frenaje, no lo vi. Y por buscarlo en los espejos me olvidé de tener la palanca: se me fue el auto y pegué en el guard-raid. Allí él me pasó, pero como yo no perdí mucho tiempo, llegamos a la última curva casi juntos y pasó lo de la primera serie: él se cerró y yo lo toqué, pero esta vez ‘Pirincho’ hizo el trompo y yo gané. Cuando llegamos pensé que nos corrían, pero después nos contaron que no se animaron porque la gente nos traía en andas.”

 EL DÍA QUE ME HICIERON MORIR

“Fue durante una carrera en El Cadillal. Yo corría un Peugeot 404 y llegué a la asistencia sin frenos. Los revisaron, y también los líquidos. El auto anduvo bien una curva, luego ya no frenó y me fui afuera. Comencé a volcar, salí despedido del vehículo y este me pasó por encima, sin llegar a aplastarme. “Tito” Solís, que estaba en la zona, me contó que me levanté, pero que después me desmayé y quedé inconsciente. En las noticias, una radio informó que yo había muerto. El lío que se armó fue grande; mi hermano hasta se encontró con un amigo que le dijo que yo estaba bien, pero que había perdido una mano. Fue una historia increíble”.

GRAN PREMIO NACIONAL DEL ’73

“Fue el único que lo corrió. Coincidió en la fecha con la carrera en la que se mató Nasif Estéfano. Yo manejé una coupé Fiat 125, acompañado por Juan José “Semilla” Palermo. En la prueba estaba el equipo oficial Peugeot con Mayorga y Perkins y el de Fiat, con Ricardo Zunino, “Cacho” Fangio, el “Yeti” DiNecio y Pascualini.

Se largó en Buenos Aires y llegamos en décimo lugar a San Juan. Desde allí, fuimos a Concepción. No me olvido nunca que, cuando íbamos llegando, “Semilla” me advirtió que al costado del camino estaba Nasif saludando; al otro día largaba en el TC la que sería su última carrera. Arribamos cuartos, en medio de una algarabía. Al llegar a Salta, teníamos problemas con la caja. El equipo Fiat nos hizo la asistencia. En poco más de una hora la desarmaron y la arreglaron, además cambiaron el distribuidor, el escape, los amortiguadores y me arreglaron el limpia-parabrisas. El auto quedó como nuevo. Salimos hacia Jujuy por la ruta de cornisa y “Semilla” me pidió calma. En el camino vimos un grupo de amigos que nos hacían señas marcando un N° 1 y ya cerca de Rosario de la Frontera, vimos que lo del 1 era cierto, porque todos los aviones (el del equipo Fiat, el del ACA y el de una radio) estaban arriba nuestro.

Hicimos una asistencia y volvimos a la carrera; cuando estábamos por 7 de Abril, en el límite con Santiago del Estero, me ‘comí’ una de las curvas donde se tiene que pasar para el otro lado de la vía. Golpeé con el costado y torcí toda la suspensión. Aunque el auto estaba bastante roto, llegamos cuartos al final de la etapa. Y otra vez el equipo nos puso el coche en condiciones.

Luego, Fiat, ya en una reunión en un hotel, nos pidió hacer juego de equipo con Zunino, porque las nuestras eran las únicas coupés que quedaban. La idea era que teníamos que ir ‘chupados’ (se viaja con los autos pegados; el de atrás, al no tener viento, lleva al de adelante). Yo nunca lo había hecho, pero Zunino me dio confianza. Después hubo cambio de opinión y decidieron que uno corra por su lado. Cuando al otro día fuimos a largar, no encontramos la llave, por lo que tuvimos que romper el ventilete, hacer un puente para que arranque el auto y romper la traba del volante. Al salir del parque, un oficial de la prueba nos dijo que no podíamos largar por tener el ventilete roto, hablamos con Pairetti, que intercedió y nos dejaron salir. La cuestión es que empezamos a acercarnos a los Peugeot. Cuando estábamos cerca, se pusieron a la par y no me dejaban pasar: no lo habían visto a Zunino atrás mío, cuando lo hicieron, se corrieron y pasamos. Kilómetros después llegamos a un tramo de tierra y lo dejamos a Zunino entrar primero. En ese tramo rompimos el parabrisas. Tras llegar al auxilio en Catamarca, cuando íbamos a salir, Gradassi nos avisa de que teníamos una goma pinchada. Tardamos en cambiarla por una tuerca atascada. Y cuando salíamos, pasaba Perkins y nos juntamos. Fuimos un largo trecho así, teníamos la misma velocidad y no nos podíamos pasar, salvo en algunas curvas en las que, a veces, él entraba adelante y yo en otras. En una de ellas, él corto por la tierra y una piedra de las que tiró me pegó en la cara y me lastimó. Ahí fue que bajamos el ritmo de carrera y clasificamos cuartos.

Esa actuación sirvió para que un día me llamaran a una reunión en la que me dijeron que querían que corra con Zunino “Las 24 de APAT”. Pero no pasó de ser sólo un deseo.”

DE ALPACHIRI A LAS ESTANCIAS

“Un día le compré una coupe Fiat a Carretero. Con ese auto hice una de las famosas carreras hasta Las Estancias, ida y vuelta desde Alpachiri, el 22 de octubre de 1971. El preparador del motor me lo mandó el viernes anterior a la prueba. Lo armaron, pero había que hacerle como 2.000 kilómetros para asentarlo. Entonces, dos chicos del taller unieron unas diez veces Juan Bautista Alberdi con Tucumán y llegamos justo para la largada, a tal punto que ni siquiera hubo tiempo para lavarlo. Antes de largar, probé la caja de quinta y la coupé ‘volaba’. Le dije a mi copiloto que ganábamos. En la partida, delante mío tenía a Roque Namur.

Tras largar, vimos tierra en suspensión y, al disiparse, apareció el auto de Roque, que antes se había parado para cambiar un neumático. Fuimos ‘en la tierra’ de él y después bajé el ritmo para dejarlo ir y poder ver mejor. Al llegar Las Estancias, fue una sorpresa el hallarme segundo, atrás de ‘Pirincho’ y adelante del ‘Boni’ Blasco. En la vuelta puse todo: cuando salí de una curva lo vi al auto de ‘Pirincho’ chocado contra el cerro. Bajé a fondo y, al llegar, todo el mundo me vino a felicitar porque había ganado y por la forma en que había pasado por algunos lugares.

Al año siguiente corrió Nasif la prueba. Antes de largar, Bartolo Escandar me dijo que el auto no estaba a punto, pero yo no le hice caso. En la subida me di cuenta que era cierto: arribé cuarto, no muy lejos de Nasif. Entonces el ‘Loco’ convenció a los mecánicos, adelantaron el punto del Fiat y se convirtió en un ‘caño’. Comencé a bajar muy fuerte, quería ganar. Pero se me cortó el acelerador: saqué el contacto y puse primera. Quedamos colgados del precipicio.”

SUS DICHOS

* “Me gustaba manejar en la montaña, si era en bajada mejor.”

* “Tuve muy buenos rivales. Para mí, el que se sube a un auto de carrera tiene capacidad y se merece mi respeto, aunque entre ellos haya diferencia de estilos.”

* “El auto que más me gustó manejar fue el Chevrolet 400. Había que saber llevarlo, no tenía buenos amortiguadores, no tenía frenos y la caja de velocidades era de tercera, con palanca al volante. Era un desafío hacer que viajara fuerte, pero me di maña para hacerlo.”

* “Reconozco haber corrido contra grandes pilotos, pero confieso que “Pirincho” Parra fue mi gran rival en los caminos.”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Total
0
Share