
Recibimos una invitación de Mario Daz para compartir una semana de carrera, con él y con sus hijos Lorenzo y Bautista. Inmediatamente accedimos, para poder compartir con ellos cómo se vive desde adentro una competencia de la categoría Rotax Buenos Aires. Por delante había fecha doble en el kartódromo de Buenos Aires, entre el sábado 24 y el domingo 25 de septiembre. En esta nota les contamos cómo es vivir desde adentro un fin de semana de carrera.
Si bien se corre durante un fin de semana, todo comienza el martes, cuando Mario acuerda cómo continuará su empresa durante los días de ausencia y los chicos arreglan cómo seguirán y recuperarán los días de colegio.
El miércoles el viaje comienza muy temprano, para extenderse durante casi todo el día y llegar a destino, con el tiempo necesario para descansar pensando en lo que se viene.
El jueves, ya desde temprano en el kartódromo, comienza el día que quizás sea el más tranquilo, puesto que sirve para tratar de que los pilotos comiencen a encontrar el ritmo que se pierde al estar tanto tiempo sin subir a un kart. Las pruebas, a las cuales no se suman todos los pilotos, se extienden durante toda la jornada y es muy poco lo que se hace en la puesta a punto.
El viernes comienza lo duro, ya con todos los protagonistas. Se realizan las pruebas oficiales, con siete tandas, en la que el tiempo se hace tirano y tiene que alcanzar para dejar el kart listo para lo que será la fecha doble. Se trabaja intensamente entre las 10 y hasta las 18 y no hay más que tiempo para probar y, entre tanda, tratar de hacer los cambios para bajar alguna décima, que lo podría dejar varios puestos más adelante o atrás al piloto en los tiempos. Los mecánicos tienen el tiempo justo para poder hacer algunos cambios que son los que piden los corredores y estos, el tiempo justo para poder analizar lo ocurrido en cada tanda, mirando la telemetría y tratando de comprender qué se hizo bien y qué mal.
El sábado, ya desde las 9, comienza la actividad oficial de la primera fecha: dos tandas de entrenamiento y después la tensión de comenzar a pelearle al cronómetro en la clasificación. Luego vienen las mangas clasificatorias que, por sus pocas vueltas, sirve para acomodar la grilla final. Estas no permiten muchos errores y se hacen intensas en pista, para que el piloto trate de no perder o ganar algún puesto.

Por último está la competencia final, en la que se tendrá que mostrar si todo lo que se hizo en los días anteriores da sus frutos. Muchas vueltas, toques, roces y fueras de pista. A veces termina bien y a veces mal, pero es el pico de tensión con el que se termina la jornada.
El domingo se repite la actividad del sábado y la jornada pasa a ser más estresante por el cansancio que se trae de las jornadas anteriores.
Algunos se preguntarán cuáles son los momentos para descansar o para comer. La respuesta es que esos momentos no existen, se fabrican y cada uno lo hace cuando puede. Por eso se puede ver a un piloto o a un mecánico comiendo a las 12 o a las 18, de acuerdo a cómo se esté dando el día con el kart.
A medida que avanzan las horas también avanza el cansancio y cuando ya todo termina y aparentemente empezará el descanso, se comienza con el viaje de vuelta a casa, que es mucho más largo y tedioso que el de ida, pero que es parte del fin de semana de competencia. Sirve para poder conversar y sacar conclusiones de lo hecho durante el fin de semana.
Es sacrificado, sí, y mucho, pero lo que se disfruta es más. Si no fuera así, seguro que no se haría. Cuando el viaje se está terminando, la segura conversación será saber cuándo es la próxima competencia para comenzar a pensar en ella.
Aquí, un video sobre los momentos descriptos en competencia:



