
A la nota la escribió en 1966 un periodista de la revista Corsa en su visita a Tucumán y antes de viajar a Jujuy el día anterior, a la largada de lo que fue la “lll Vuelta del Noroeste”. Remite a una de las glorias tucumanas del automovilismo de los 60, Ítalo Maresio, recientemente fallecido.
“Antes de partir de viaje tuvimos un encuentro casual en una estación de servicio en la que nos habíamos detenido a cargar combustible. Frente a nuestra camioneta se encontraba estacionado un Giulia, cuyo conductor lo había abandonado momentáneamente. A poco de examinarlo, reconocimos la carrocería del auto de Rizzuto Mujica y nos pusimos a buscar a su dueño. Para nuestra sorpresa, fue Ítalo Maresio quien salió de la estación de servicio. Al verlo, no pudimos disimular nuestro asombró al encontrarlo tan enterito. Con una sonrisa, el piloto tucumano nos explicó que había comprado a Rizzuto la carrocería para montar las únicas partes recuperables de su accidentado Giulia, el motor, la caja y el diferencial. Se veía muy contento por estar ya compitiendo después del poco tiempo del accidente sufrido en la carrera anterior en Capilla del Monte. En la foto de ve a Maresio mostrando la foto de su auto destrozado y nos comentó: ‘no entiendo cómo salí vivo de allí adentro'”.