Conrado, “Kiti” y recuerdos

Fue en la previa del Rally de Famaillá, corrido hace algunos días, cuando nos encontramos con dos grandes personajes del automovilismo tucumano, con una historia plena de matices. Conrado Medina y “Kiti” (José)Torres. 

El primero, piloto, gran animador de carreras; el otro, preparador. Ambos escribieron grandes momentos dentro de nuestro automovilismo que, si los contáramos a todos, tenemos que escribir un libro. En esta nota, sólo se escribe de alguno de ellos, pero queda abierta la posibilidad a otras entregas, en las que daremos a conocer más de estos personajes.

– ¿Cuándo y cómo comienzan en el automovilismo?

– CM: Yo lo hice en 1968, en una Vuelta del Norte, en la que Carlos Reutemann hizo su última carrera en el automovilismo local, con un Renault Gordini. Tenía un tío, Osvaldo Medina, que corría y había perdido un pie en un accidente. Cuando lo visitaba, él me mostraba las fotos y eso me llevó a querer hacerlo. Después comencé a acompañar a las carreras a Dardo Mendía, de Monteros, y ahí me prendió del todo.

– KT: Yo comencé un poco por hobby. Tenía una tornería y era mecánico de tractores. En la agencia donde trabajaba, en 1970, preparé un Fiat 1.600 para Oscar Andrés. Pedí un reglamento y me puse a prepararlo, siempre me gustó trabajar bien y en ese auto se puso todo de primera. Era muy meticuloso y trabajaba en todos los detalles. Se corría la Vuelta del Norte. Eran carreras larguísimas: se largaban en el arsenal de la ruta 9, se daba la vuelta por la cornisa entre Salta y Jujuy y se volvía por los Valles. La etapa terminaba aproximadamente a las 18, en Acheral. Andrés largó último y llego decimoséptimo. El auto llegó entero y sin ningún problema en el motor.

– ¿Algún otro recuerdo?

– CM: siempre me acuerdo de la recta de Tin Tin, que queda en los Valles, entre Salta y Tucumán. Tiene 32 kilómetros de subidas y bajadas, era fantástico andar a fondo tanto tiempo.

– KT: Me acuerdo cuando se formó la Peña Motor y Camino, para ayudar a Oscar Palmieri. Tenían un Chevrolet de la categoría Fuerza Libre que era de Roque Namur, pero había que modificarlo para que pueda correr en Tucumán, hacer un atapa nueva y modificar el múltiple. Así que me puse a trabajar. Cuando terminé, fuimos al autódromo; miraban el auto y nos decían ridículos, por las modificaciones. ¡Linda paliza les dimos con el ridículo! Esa fue mi segunda incursión en el automovilismo.

– ¿Anécdotas?

– CM: Los otros días mandé a comprar un repuesto en Jesús María y le dije a mi hijo que se llegue por la casa de Rubén Brizido, y le mande una foto. Él fue quien en aquella famosa carrera El Impenetrable, por esquivar una vaca tiene un accidente. Chocó con un árbol y nosotros paramos, lo levantamos y lo llevamos a un puesto sanitario y de ahí lo llevaron en helicóptero a Santiago del Estero. Por suerte, se salvó. Después de un tiempo, en una largada, se llegó, me saludó, agradeció y nos hicimos amigos.

– KT: Yo paraba en el hotel frente a la plaza en Concepción, desayunaba y me iba al taller. Un día lo veo a Eduardo Namur caminando y lo acerco a donde iba. En el trayecto le pregunté cómo se estaba preparando para ese año. Me dijo que no sabía qué hacer, porque no encontraba preparador. Quince días después nos encontramos en una mesa de café y me pidió que le prepare su auto. Pero eso ya fue otra historia.

Sólo fueron unos minutos, pero llenaron la entrevista de historias que son dignas de ser contadas, para poder entender cómo se hacía automovilismo en aquella época. Es por eso que la promesa está hecha: contar más de estos dos personajes que dejaron su huella.  

 

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